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lunes, 13 de febrero de 2023

Los 5 puntos del calvinismo

febrero 13, 2023 0
Los 5 puntos del calvinismo


Por W. J. Seaton 

(Pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Inverness, Escocia)


Prefacio:


Difícilmente hay otra palabra que despierte tanta sospecha, desconfianza y aun animosidad entre quienes profesan el cristianismo, como la palabra Calvinismo. Y sin embargo, el rechazo que brota contra este sistema y contra todos aquellos que lo abrazan y lo predican, es un celo que no es conforme a ciencia. El siguiente artículo ha sido escrito con la esperanza de que mucho del insulto que ha sido arrojado sobre el sistema de teología calvinista sea retirado; y de que la verdad de esta gran enseñanza, la cual fue la columna vertebral de nuestros padres en la fe, y fortaleza de la iglesia en una época mucho más gloriosa que la nuestra, pueda ser vista con claridad.

Introducción

Debemos iniciar en Holanda, en el año de 1610. Jacobo Arminio, un profesor holandés, muere, y sus enseñanzas son formuladas por sus seguidores, conocidos como "arminianos," en cinco puntos principales de doctrina. Hasta ese momento, las iglesias de Holanda, en común con la mayoría de las iglesias protestantes de Europa, habían adoptado las Confesiones de Fe de Bélgica y de Heidelberg, las cuales se apegan a las enseñanzas Reformadas (es decir, calvinistas). Sin embargo, los arminianos querían cambiar esta posición, y presentaron sus cinco puntos en la forma de una queja o protesta ante la Corte holandesa. Los cinco puntos del arminianismo eran los siguientes:

1. El libre albedrío o la capacidad humana. Este punto enseñaba que el hombre, aunque afectado por la caída de Adán, tenía la capacidad espiritual de escoger el bien espiritual, y era capaz de ejercitar la fe en Dios, a fin de recibir el Evangelio, y de este modo obtener por sí mismo la salvación.

2. La elección condicional. Este punto enseñaba que Dios puso Sus manos sobre todos aquellos individuos que sabía, o preveía, que iban a responder al Evangelio. Dios eligió a aquellas personas que Él vio que querrían ser salvadas por medio de su libre albedrío, a pesar de su estado natural caído; por supuesto que, de conformidad al primer punto del arminianismo, este estado no era de caída total o de depravación total.

3. La redención universal o expiación general. Este punto enseñaba que Cristo murió para salvar a todos los hombres; pero sólo de un modo potencial. La muerte de Cristo hizo posible que Dios perdonara a los pecadores, pero únicamente a condición que ellos creyeran. 

4. La obra del Espíritu Santo en la regeneración está limitada por la voluntad humana. Este punto enseñaba que el Espíritu Santo, cuando comienza la obra de traer a una persona a Cristo, puede ser eficazmente resistido y Sus propósitos frustrados. No podría impartir vida a menos que el pecador quisiera voluntariamente que esta vida le fuera impartida. 

5. La caída de la gracia. Este punto enseñaba que un hombre salvo, podría final y definitivamente perder la salvación. Esto es, por supuesto, el resultado lógico y natural de todo el sistema. Es decir, si el hombre debe tomar la iniciativa en su salvación, es él quien debe retener la responsabilidad del resultado final. 

Los cinco puntos del arminianismo fueron presentados al Estado y fue convocado un Sínodo Nacional de la Iglesia para reunirse en Dort, en el año de 1618, para examinar las enseñanzas de Arminio, a la luz de las Escrituras. El Sínodo de Dort sostuvo 154 sesiones durante un período de siete meses, pero al final no se pudo encontrar ninguna base sobre la cual reconciliar el puno de vista arminiano, con lo expuesto en la Palabra de Dios. Entonces, el Sínodo de Dort formuló sus cinco puntos del Calvinismo, para contrarrestar al sistema arminiano, afirmando así la postura sostenida por la Reforma, y formulada por el teólogo francés Juan Calvino. Algunas veces estos puntos son presentados en forma de un acróstico, usando la palabra "TULIP" (en inglés), como sigue:

T Total Depravity (Depravación Total)

U Unconditional Election (Elección Incondicional)

L Limited Atonement (Redención Limitada o Particular)

I Irresistible Calling (Llamamiento Eficaz o Irresistible)

P Perseverance of the Saints (Perseverancia de los Santos)

Como puede verse con facilidad, estos cinco puntos están en completa oposición a los cinco puntos del Arminianismo. El hombre es totalmente incapaz de salvarse a sí mismo, porque está "totalmente" caído, a causa de la caída en el huerto del Edén. Y si es incapaz de salvarse a sí mismo, entonces Dios debe salvarle. Y si Dios debe salvarle, entonces Dios debe ser libre para salvar a los que Él quiera. Si Dios ha decretado salvar a los que Él quiere, entonces, es por éstos por quienes Cristo hizo expiación en la cruz. Y Si Cristo murió por ellos, entonces el Espíritu Santo les llamará eficazmente a la salvación. Entonces, si la salvación ha venido desde el principio de Dios, también el fin vendrá de Él, y así los creyentes perseverarán para el gozo eterno. 

Estos son los así llamados Cinco Puntos del Calvinismo. Vamos a proceder ahora a examinarlos con más detalle, puesto que están basados firmemente en la Palabra de Dios; y fueron sostenidos tenazmente por nuestros antepasados "en la fe que ha sido una vez dada a los santos." Y por aquella fe estamos dispuestos a contender con valor. Veremos la verdad a la cual se refirió Charles Haddon Spurgeon, cuando declaró: "No es ninguna novedad, entonces, lo que estoy predicando; no es una nueva doctrina. Amo proclamar aquellas grandes doctrinas antiguas apodadas Calvinismo, pero que son verdaderamente la verdad revelada de Dios, tal como es en Cristo Jesús."

1. LA DEPRAVACIÓN TOTAL

Al considerar el primero de los cinco puntos principales del Calvinismo, ciertamente lo que debería impresionarnos es el hecho que este sistema comienza con algo que debe ser fundamental en el asunto de la salvación, es decir, la correcta valoración de la condición espiritual de la persona que ha de ser salvada. Si tenemos puntos de vista deficientes o superficiales acerca del pecado, entonces estaremos sujetos a tener puntos de vista equivocados en relación a los medios necesarios para la salvación del pecador. Si creemos que la caída del hombre en el huerto del Edén, fue solamente algo parcial, entonces muy probablemente estaremos satisfechos con una salvación atribuible parcialmente al hombre, y parcialmente a Dios. Cuán sensatas son las palabras de J. C. Ryle en este punto: "Hay muy pocos errores y falsas doctrinas," dice, "cuyos principios no puedan ser atribuidos a un punto de vista defectuoso acerca de la corrupción de la naturaleza humana. Errores en el diagnóstico de una enfermedad, siempre traerán consigo fallas en la administración del remedio. Igualmente, conceptos equivocados acerca de la corrupción de la naturaleza humana, traerán siempre equivocaciones acerca del gran antídoto y cura de tal corrupción."

Completamente conscientes de la situación, los teólogos de la Reforma y todos aquellos que formularon las enseñanzas reformadas en estos cinco puntos en el Sínodo de Dort, con recomendaciones basadas firmemente en las Escrituras, declararon que el estado natural del hombre es un estado de depravación total y, por lo tanto, hay una incapacidad total por parte del hombre para ganar o para contribuir a su propia salvación. 

Sin embargo, cuando los calvinistas hablan de depravación total, no quieren decir que todo hombre sea malo hasta el límite de su maldad, ni que el hombre sea incapaz de reconocer la voluntad de Dios; ni tampoco que sea incapaz de hacer algún bien a sus semejantes, o aun de rendir una lealtad externa en la adoración a Dios. Lo que quieren decir es que, cuando el hombre cayó en el huerto del Edén, cayó en su "totalidad." Es decir, que la personalidad completa del hombre ha sido afectada por la caída, y el pecado se extendió a todas sus facultades: la voluntad, la mente y los afectos o las emociones. Creemos que la verdad que afirmamos es la enseñanza irrefutable de la Palabra de Dios. Los siguientes pasajes de la Escritura representan una selección de algunos pasajes que confirman la enseñanza calvinista de la depravación total

La Biblia enseña con absoluta claridad que el hombre, por naturaleza, está MUERTO: ". . . como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron" (Romanos 5:12). La Biblia nos enseña que los hombres son ESCLAVOS: "Que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él." (2 Timoteo 2:25-26). La Biblia enseña que los hombres están CIEGOS Y SORDOS: "Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; más a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan" (Marcos 4:11-12). La Biblia nos enseña que el hombre natural (no regenerado), CARECE DE ENTENDIMIENTO ESPIRITUAL: "Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente." (1 Corintios 2:14). La Biblia habla del hombre como siendo NATURALMENTE PECAMINOSO: 1) Por nacimiento: "He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre." (Salmo 51:5). 2) Por práctica: "Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal." (Génesis 6:5).

Este es entonces el estado natural del hombre. Por tanto, debemos preguntarnos ahora: ¿Pueden LOS MUERTOS resucitarse a sí mismos? ¿Pueden LOS ESCLAVOS liberarse a sí mismos? ¿Pueden LOS CIEGOS darse la vista a sí mismos o LOS SORDOS el oído? ¿Pueden los que CARECEN DE ENTENDIMIENTO ESPIRITUAL enseñarse a sí mismos? ¿Pueden los que están INCLINADOS NATURALMENTE AL PECADO, cambiarse a sí mismos? ¡Ciertamente no pueden! "¿Quién hará limpio a lo inmundo?" pregunta Job. Y él mismo responde: "Nadie." (Job 14:4). Del mismo modo, el profeta Jeremías pregunta: "¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas?" Y concluye "Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?" (Jeremías 13:23).

¿Podría la Palabra de Dios mostrar más claramente con base en esto, que la depravación humana es total, y que nuestra incapacidad para desear o procurar la salvación es también total? Este cuadro es una descripción de un muerto; un muerto espiritual. Somos como Lázaro en su sepulcro; estamos atados de pies y manos; y la corrupción se ha esparcido por completo en nosotros. Tal como no había ningún indicio de vida en el cuerpo muerto de Lázaro, así tampoco no hay ninguna chispa de receptividad interna en nuestros corazones. Pero el Señor realiza el milagro en ambos casos, el muerto físicamente, y el muerto espiritualmente. Porque la Escritura dice de Él: "Y él os dio vida. . ." nos hizo vivir a aquellos que estábamos "muertos en nuestros delitos y pecados." (Efesios 2:1). La salvación, pues, por su propia naturaleza, debe ser "del Señor." 

2. LA ELECCIÓN INCONDICIONAL

Nuestro rechazo o aceptación de la verdad bíblica que enseña que la condición del hombre por naturaleza es la depravación total, determinará en gran medida nuestra actitud hacia el siguiente punto analizado en el Sínodo de Dort. La elección incondicional es correctamente expuesta en la Confesión Bautista de Fe de 1689, la cual citamos enseguida como un resumen útil. La elección incondicional es también sostenida, casi en términos idénticos, en la Confesión de Fe de Westminster, en los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra, y en las principales confesiones de casi todas las iglesias que tienen raíces históricas. 

"A aquellos de la humanidad que están predestinados para vida," dice la Confesión Bautista, "Dios (antes de la fundación del mundo, según su propósito eterno e inmutable y el consejo secreto y el beneplácito de Su voluntad), los ha escogido en Cristo para gloria eterna, meramente por Su libre gracia y amor, sin que Le moviera a ello ninguna cosa en la criatura, como condición o causa." (Capítulo 3, Artículo 5).

La doctrina de la elección incondicional se desprende en forma natural y lógica de la doctrina de la depravación total. Es decir, si el hombre está de hecho muerto, cautivo en el pecado, ciego, sordo, sin entendimiento espiritual e inclinado naturalmente al pecado, entonces, el remedio para solucionar toda esta condición, debe encontrarse fuera del hombre mismo, esto es, en Dios. En el punto anterior hicimos la pregunta: ¿Puede el hombre resucitarse a sí mismo? Y la respuesta inevitable es: por supuesto que no. Sin embargo, si algunos hombres y mujeres son resucitados de su muerte espiritual, (nacidos de nuevo es el término usado por el Evangelio de Juan), y puesto que ellos no son capaces de llevar a cabo esta obra por sí mismos, entonces debemos concluir que fue Dios quien los resucitó espiritualmente. Por otro lado, puesto que muchos hombres y mujeres no han sido nacidos de nuevo o vivificados, de la misma manera debemos concluir que es debido a que Dios no los ha resucitado. Si el hombre es incapaz de salvarse a sí mismo, ya que la caída en Adán fue una caída total, y si sólo Dios puede salvar, y si no todos son salvados, entonces la conclusión debe ser que Dios no ha elegido salvar a todos. 

Esto no es una filosofía ciega, sino que es algo extractado de, edificado sobre, sustentado por, y revelado en las Escrituras de Dios. El tema es tan vasto como el océano mismo; nosotros hemos citado sólo unos cuantos versículos claves y Escrituras que nos sirven de guía en este portentoso mar.

La historia de la Biblia es la historia de la elección incondicional. Es extraño que quienes se oponen a esta doctrina, no puedan reconocer esto. Algunos creyentes tienen dificultad en creer que Dios pudiera pasar por alto a algunos y escoger a otros; y sin embargo, no tienen dificultad aparente en creer que Dios llamó a Abraham para que saliera del pueblo pagano de Ur de los Caldeos, y dejara a los demás en su paganismo. ¿Por qué escogería Dios a la nación de Israel como Su "pueblo especial"? No tenemos necesidad de especular al respecto, porque el libro de Deuteronomio nos da la respuesta: "No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó. . ." (Deuteronomio 7: 7-8). (Nota del traductor: la versión King James en inglés traduce: "El Señor no ha puesto su amor sobre vosotros, ni los ha escogido, debido a que vosotros fuerais más numerosos que todos los pueblos; pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos. Sino porque el Señor os amó. . ."). ¿Por qué escogería Dios, haciendo completamente de lado las leyes familiares de Israel, al hijo más joven de Jacob, en lugar del primogénito Esaú? Otra vez debemos remitirnos a "la ley y el testimonio." La Escritura dice: "(pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí." (Romanos 9:11-13).

¿Cuál fue la doctrina que Jesús predicó en la sinagoga de Nazaret, sino la doctrina de la elección incondicional? "Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio." (Lucas 4:25-27). Nosotros conocemos el resultado de que nuestro Señor predicara este mensaje: "Al oír estas cosas, todos en la sinagoga se llenaron de ira; y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle." (Lucas 4:28-29).

La falta de espacio nos impide hacer una descripción detallada de la soberanía de Dios al escoger a Su pueblo; pero la verdad es clara: "No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros. . ." (Juan 15:16); "¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?" (Romanos 9:21); y ". . . a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia. . ." (Romanos 9:15), y "según nos escogió en él antes de la fundación del mundo. . . habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad." (Efesios 1:4-5), y así sigue el testimonio de las Escrituras.

Reconocemos que hay una 'clase de elección' que es sostenida por muchos creyentes hoy en día. Hablando en términos generales, esta elección se basa en Romanos 8:29 "Porque a los que antes conoció, también los predestinó, etc. . ." La idea de esta elección es más o menos como sigue: Dios, dicen, previó a todos aquellos que iban a aceptar a Cristo, y de este modo Él los eligió para vida eterna. En oposición a este punto, nosotros señalamos que:

1.- La presciencia de Dios es descrita en las Escrituras en conexión con las personas y no con ninguna acción que la gente haya realizado. La Escritura dice: "Porque a los que antes conoció. . ." Y otra vez Dios habla de este modo a través de Amós: "A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra. . ." (Amós 3:2). Esto quiere decir que, sin tomar en cuenta ninguna acción, buena o mala, realizada por ellos, Dios los "conoció" en el sentido de que "los amó" y "los escogió" para que fueran Suyos. Es de este modo que Él conoce previamente a Sus elegidos. 

2.- Es inútil decir que Dios nos eligió debido a que Él vio algo que nosotros haríamos, es decir, aceptar a Su Hijo. No somos escogidos debido a que realicemos la buena obra de 'aceptar' a Cristo, sino que somos escogidos para hacernos capaces de "aceptarle." "Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas." (Efesios 2:10).

3.- Tampoco sirve decir que Dios previó a todos aquellos que creerían y que por esto los escogió. Hechos 13:48 deja esto muy claro: "y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna." La elección no se debe a nuestra fe, sino que nuestra fe se debe a que somos elegidos, debido a que somos "ordenados para vida eterna."

4.- De igual manera, decir que ejercitamos la fe cuando aceptamos a Cristo, y que Dios previó esta fe, y por lo tanto, nos eligió, solamente nos conduce un paso más hacia atrás, porque ¿de dónde obtuvimos esa fe, para poder ejercitarla? Las Escrituras nos dan la respuesta, afirmando que la fe es un don de Dios y no de nosotros mismos: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios." (Efesios 2:8).

Ciertamente, en lugar de argumentar en contra de estas cosas, deberíamos estar haciendo lo que el Espíritu Santo nos manda a través del apóstol Pedro: "Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección. . ." (2 Pedro 1:10).

3. LA EXPIACIÓN LIMITADA

Esta doctrina no solamente nos trae al tema central de los cinco puntos, sino también a la realidad central del Evangelio, esto es, al propósito de la muerte de Cristo en la cruz. Esto no es accidental. Los teólogos que asumieron la tarea de defender las verdades de la Reforma Protestante, en contra de los ataques del partido arminiano, fueron siguiendo una línea bíblicamente lógica en sus formulaciones, habiendo llegado así al eje mismo de la salvación. 

Ante todo, ellos habían preguntado: ¿quién ha de ser salvado? La respuesta fue 'el hombre.' Pero las enseñanzas bíblicas a este respecto mostraban que el hombre, en su estado natural, es totalmente incapaz de salvarse a sí mismo. Así nosotros tenemos la enseñanza de la Biblia acerca del hombre, resumida bajo el encabezado general de depravación total, o incapacidad total.

Segundo, puesto que algunos hombres y mujeres son indudablemente salvados, entonces debe haber sido Dios mismo Quien los salvó, en distinción del resto de la raza humana. Esta es la elección: "para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese. . ." (Romanos 9:11). Sin embargo, como dice Spurgeon, esta elección sólo "marcó la casa donde la salvación llegaría." Todavía se requería de una completa, perfecta y satisfactoria expiación por los pecados de los elegidos; así Dios podría ser, no sólo un Salvador, sino un Dios justo y Salvador. Esta expiación, como todos nosotros reconocemos, fue consumada a través de la sumisión voluntaria de Cristo a la muerte en la cruz, donde Él sufrió bajo la justicia de este Dios justo, y obtuvo la salvación que Él como Salvador había ordenado. En la cruz, entonces, y sin duda todos nosotros aceptamos esto, Cristo llevó el castigo y obtuvo la salvación. 

Surge una pregunta ahora: ¿el castigo de quiénes llevó Cristo? Y ¿la salvación de quiénes obtuvo? Hay tres opciones que podemos examinar, para considerar este punto:

1.- Cristo murió para salvar a todos los hombres sin distinción.

2.- Cristo murió para no salvar a nadie en particular.

3.- Cristo murió para salvar a un cierto número.

El primer punto es sostenido por los llamados 'universalistas.' Dicen que Cristo murió para salvar a todos los hombres y de esta manera ellos, por lógica, suponen que todos los hombres serán salvados. Si Cristo ha pagado la deuda del pecado, ha salvado, ha rescatado y ha dado Su vida por todos los hombres, entonces todos los hombres serán salvados. 

El segundo punto de vista es el llamado "arminiano," que sostiene que Cristo obtuvo una salvación potencial para todos los hombres. Cristo murió en la cruz, según este punto de vista, pero aunque Él pagó la deuda de nuestro pecado, Su obra en la cruz no llega a ser eficaz hasta que el hombre 'decide por Cristo' y de este modo es salvado.

El tercer punto de vista acerca de la expiación, es el llamado Calvinista, y dice que Cristo murió positiva y eficazmente para salvar a un cierto número de pecadores merecedores del infierno, sobre quienes el Padre ya había puesto Su libre y soberano amor electivo. El Hijo paga solamente la deuda de estos elegidos, satisface la justicia del Padre por ellos, les imputa Su propia justicia a éstos y así, están completos en Él. 

Entonces, la muerte de Cristo sólo pudo haber sido por una de estas tres razones: para salvar a todos; para no salvar a nadie en particular; o para salvar a un cierto número. El tercer punto de vista es el que sostienen los calvinistas y generalmente es llamado expiación limitada, o redención particular. Cristo murió para salvar a un número específico de pecadores; esto es, por aquellos que el Padre ". . . escogió en él antes de la fundación del mundo." (Efesios 1:4); por aquellos que el Padre le había dado del mundo, todos aquellos "que me diste; porque tuyos son." (Juan 17:9); aquellos por quienes Él mismo dijo que derramaría Su sangre: "porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados." (Mateo 26:28).

Nosotros afirmamos que ésta es la postura que realmente hace justicia al propósito de Cristo al venir a esta tierra para morir en la cruz. ". . . y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados." (Mateo 1:21). No a los judíos, ciertamente, porque los judíos no fueron salvados como un pueblo. Jesús "amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella." (Efesios 5:25). "El cual fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación." (Romanos 4:25). ¿De quiénes habla el Espíritu Santo cuando dice nuestrosnuestra? ¿Acaso está hablando del mundo? Si es así, entonces los universalistas tienen la razón, porque Cristo fue entregado 'por los delitos del mundo' y 'resucitado para la justificación del mundo;' y así el mundo queda justificado delante de Dios. "Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados." (1 Corintios 15:22). Esto sólo puede significar que toda la posteridad de Adán muere en Adán, como de hecho muere, porque "así la muerte pasó a todos los hombres." (Romanos 5:12). Pero toda la posteridad de Cristo, es decir, la iglesia por la cual Él mismo se entregó, es vivificada en Él. ¿Por qué es esto así? Ciertamente es así, porque ¡Él se dio a Sí mismo por ellos! "Por su conocimiento mi siervo justo justificará a muchos, y cargará con los pecados de ellos." (Isaías 53:11, RVA). Y cuando Él consumó esto, estando colgado en la cruz, dice Isaías en aquel gran capítulo 53 de su profecía, que "Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho. . ." (Isaías 53:11). El trabajo de Su alma al derramarla y ofrecerla por nuestros pecados, producirá hijos espirituales para la alabanza de Su nombre, y Él será satisfecho, cuando vea esta obra consumada.

No estamos pasando por alto el hecho que hay algunas Escrituras que se refieren al 'mundo,' y muchas personas las han tomado como su punto de partida en la cuestión de la redención. Sin embargo, cuando comparamos la Escritura con la Escritura, vemos que el uso de la palabra 'mundo' no implica necesariamente a 'cada hombre y cada mujer en el mundo.' Los fariseos dijeron de Jesús: "Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él." (Juan 12:19); sin embargo, no todas las personas iban tras de Cristo. La expresión significa "toda clase de persona," normalmente para referirse juntamente a judíos y gentiles. (Nota del traductor: vea Romanos 11:11-12 y note cuidadosamente el uso intercambiable de las palabras "gentiles y mundo." Para un estudio más a fondo de este tema recomendamos la lectura del libro "Vida por Su Muerte," del doctor John Owen). La pregunta siempre debe ser la intención Divina: ¿tuvo Dios la intención de salvar a todos los hombres o no? Si Él no intentó salvar a todos los hombres sin excepción, sino solamente a los elegidos, entonces la obra de Cristo en la cruz fue un éxito glorioso y estamos en lo correcto al creer que "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí. . ." (Juan 6:37). Por otro lado, si la intención de Dios fue salvar al mundo entero, entonces la expiación de Cristo ha sido un gran fracaso, porque un vasto número de hombres no ha sido salvado. ¡Cristo pagó nuestra deuda! ¿La deuda de quién? ¿La deuda del mundo, o de los elegidos? Ciertamente, si un hombre ha sido rescatado por un redentor, entonces la ley que él ha quebrantado debe quedar satisfecha, en razón de la obra o del pago que el fiador hizo en su beneficio.

Si Tú has mi libertad logrado,
Y gratuitamente en mi lugar padeciste
La completa ira Divina;
Pago doble por Dios no será demandado,
De la mano sangrante de mi Fiador primero,
Y luego, otra vez, de la mía.

4. LA GRACIA IRRESISTIBLE

Una vez más, este cuarto punto de la creencia del sistema calvinista, es el resultado lógico de todo lo que hemos visto anteriormente. Si los hombres son incapaces de salvarse a sí mismos debido a su naturaleza caída, y si Dios se ha propuesto salvarlos, y Cristo ha consumado la salvación de ellos, entonces, se deduce por lógica que Dios debe también proveer los medios para llamarles a los beneficios de la salvación que Él ha obtenido para ellos. Sin embargo, el sistema calvinista de teología, aunque profundamente lógico, es mucho más que un mero sistema lógico. Es un sistema de creencia bíblica pura, que se encuentra firmemente apoyado en la Palabra de Dios. Entonces, la doctrina de la gracia irresistible no es un invento de los hombres que redactaron los Cinco Puntos del Calvinismo en el Sínodo de Dort, sino la manifiesta revelación de la santa Palabra de Dios. Por ejemplo, Romanos 8:30 dice: "Y a los que predestinó, a éstos también llamó." Es decir, Dios no sólo elige a los hombres y mujeres para la salvación; Él también llama a todos aquellos que Él ha elegido. 

¿Qué quiere decir "gracia irresistible"? Nosotros sabemos que cuando el Evangelio es predicado en la iglesia, o al aire libre, o a través de la Palabra de Dios leída, no todas las personas hacen caso de su llamado. No todas las personas llegan a ser convencidas de sus pecados y de su necesidad de Cristo. Esto explica el hecho de que hay dos llamamientos. Existe no sólo un llamamiento externo; sino también uno interno. El llamamiento externo puede ser descrito como: "las palabras del predicador," y este llamamiento, cuando es realizado, puede obrar de diferentes maneras, en decenas de diferentes corazones, produciendo diferentes resultados. Sin embargo, hay una cosa que este llamamiento no puede hacer: no efectuará la obra de salvación en el alma pecadora. Para que una obra de salvación sea forjada en el alma, el llamamiento externo debe ir acompañado por el llamamiento interno del Espíritu Santo de Dios, porque es Él quien "convencerá de pecado, de justicia y de juicio." (Juan 16:8). Y cuando el Espíritu Santo llama por Su gracia a un hombre, a una mujer o a una persona joven, este llamamiento es irresistible: es decir, este llamado no puede ser frustrado, porque es la manifestación de la gracia irresistible de Dios. 

Esta enseñanza es sustentada una y otra vez en la Palabra de Vida de Dios, como por ejemplo, en los siguientes versículos y pasajes:

1.- "Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera." (Juan 6:37). Note que son aquellos que el Padre ha dado a Cristo (los elegidos), los que vendrán a Él; y cuando vienen a Él, no son echados fuera.

2.- "Nadie puede venir a mí, a menos que el Padre que me envió lo traiga; y yo lo resucitaré en el día final." (Juan 6:44, RVA). Aquí, nuestro Señor está diciendo simplemente que es imposible que los hombres vengan a Él por sí mismos; el Padre debe traerlos.

3.- "Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí." (Juan 6:45). Los hombres pueden oír el llamamiento externo; pero son aquéllos que han sido enseñados por el Padre, quienes responderán y vendrán a Cristo. Así, con Simón Pedro: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos." (Mateo 16:15-17).

4.- "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios." (Romanos 8:14).

5.- "Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia." (Gálatas 1:15).

6.- "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable." (1 Pedro 2:9).

7.- "Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo. . ." (1 Pedro 5:10).

Ciertamente, una ilustración notable de esta enseñanza de la gracia irresistible o llamamiento eficaz, es el incidente del cual leemos en Hechos 16. El apóstol Pablo predicaba el Evangelio a un grupo de mujeres junto al río, en Filipos; y mientras él estaba hablando: "Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía." (Hechos 16:14). Pablo, el predicador, habló a los oídos de Lidia, y este es el llamamiento externo. Pero el Señor habló al corazón de ella, y este es el llamamiento interno de la gracia irresistible. 

Los arminianos creen que hombres y mujeres tienen la capacidad de resistir el llamado del Evangelio de Dios, y así lo hacen. Por lo tanto, ellos se oponen diciendo que no puede haber tal doctrina de la gracia irresistible de Dios. Nosotros creemos que hombres y mujeres no sólo pueden resistir el Evangelio de Dios, como de hecho lo hacen; sino que también, debido a su naturaleza caída, deben resistir el Evangelio de Dios. Por lo tanto, es necesaria la existencia de una doctrina como la doctrina de la gracia irresistible. En otras palabras, nuestras almas deben ser puestas bajo una influencia más grande que nuestra propia naturaleza, más grande que nuestra resistencia, o de lo contrario estamos destinados a ser condenados para siempre, puesto que "el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios." (1 Corintios 2:14). Hay tres grandes fuerzas que trabajan en la obra de la salvación del hombre:

1.- La voluntad del hombre.
2.- La voluntad del Diablo.
3.- La voluntad de Dios.

¿Cuál de estas tres fuerzas tendrá la victoria? Si la voluntad de Dios no resulta victoriosa en este asunto de la salvación, entonces, resultará victoriosa la voluntad del Diablo, porque él es más fuerte que nosotros. Thomas Watson, un antiguo puritano del siglo XVII, describió el asunto, vívidamente, en las siguientes palabras: "Dios cabalga con fuerza, conquistando en el carro de Su Evangelio. . . Él conquista el orgullo del corazón y hace que la voluntad, la cual se resistía como una fortaleza real contra Él, se rinda y doblegue ante Su gracia; y hace sangrar al corazón de piedra. ¡Oh, este es un poderoso llamamiento! ¿Por qué, entonces, algunos hombres parecen hablar de una persuasión moral? ¿Por qué dicen que en la conversión de un pecador, Dios sólo persuade moralmente y nada más? Si en la conversión, Dios sólo pudiera persuadir moralmente y nada más, entonces Él no pondría mucho más poder en la salvación de los pecadores, de lo que el Diablo hace para su destrucción." 

¿Cuál voluntad obtendrá la victoria? ¿La nuestra? Pero, ¿acaso no se resistía, de hecho, como una fortaleza real en contra del Señor? "Y no queréis venir a mí para que tengáis vida." (Juan 5:40). ¿Acaso la victoria será de la voluntad del Diablo? Entonces, quién podría ser salvado jamás, puesto que la voluntad suya será siempre más fuerte que la nuestra. Pero, ciertamente, este es el Evangelio, que "uno más fuerte que el fuerte" aparece conquistando y para conquistar, en el carro de Su Evangelio; y Él, efectivamente, conquista a Satanás, como también al hombre débil, todo para la alabanza de Su irresistible gracia. (Vea Lucas 11:21-23).

5. LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS (Los verdaderos creyentes)

Ahora, como punto final, la doctrina de la perseverancia de los santos. Con el fin de resumir, vamos a referirnos otra vez a la Confesión Bautista, la cual está de acuerdo en este punto con las otras confesiones históricas de fe. "Aquellos a quienes Dios ha aceptado en el Amado, y ha llamado eficazmente y santificado por Su Espíritu, y a quienes ha dado la preciosa fe de Sus elegidos, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente perseverarán en él hasta el fin, y serán salvos por toda la eternidad, puesto que los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables. . ." (Confesión Bautista de 1689, Capítulo 17; párrafo 1). Nuevamente vamos a demostrar que esto es exactamente lo que las Escrituras nos enseñan. 

"Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?. . . Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro." (Romanos 8:29-31; 38-39).

Otra vez, tenemos que reconocer el hecho de que, todo lo que los hombres del Sínodo de Dort (y todos aquellos que enseñan de la misma manera), estaban haciendo, era poner dentro de un pequeño esquema, en una forma sistemática, las enseñanzas del Evangelio de la libre y soberana gracia de Dios. Si el hombre no puede salvarse a sí mismo, entonces Dios debe salvarle. Si no todos los hombres son salvos, entonces Dios no ha salvado a todos. Si Cristo ha hecho la satisfacción por pecados, entonces, esta expiación es por los pecados de aquellos que son salvados. Y si Dios se propuso revelar esta salvación en Cristo a los corazones de todos aquellos a quienes Él escogió salvar, entonces, Dios proveerá los medios necesarios y eficaces para realizarlo así. Por lo tanto, si habiendo decretado salvar, habiendo muerto para salvar, y habiendo llamado a la salvación a aquellos que jamás se salvarían por sí mismos; entonces, Él también preservará a aquellos salvados hasta la vida eterna, para la gloria de Su Nombre. 

De este modo, siguiendo la depravación total, la elección incondicional, la expiación limitada, y el llamamiento eficaz, llegamos a la perseverancia de los santos. "Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo." (Filipenses 1:6). La Palabra de Dios contiene múltiples referencias acerca de esta bendita verdad. "Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero." (Juan 6:39). "Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano." (Juan 10:28). "Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida." (Romanos 5:10). "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. . ." (Romanos 8:1).

Este es el sello del creyente, que él pertenece a Cristo; que él está perseverando en las cosas de Cristo; que él está procurando tanto más hacer firme su vocación y elección. (Vea 2 Pedro 1:10). El creyente en Cristo puede caer en la tentación, pero el Señor "no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar." (1 Corintios 10:13). Así que el creyente se fortalecerá y seguirá fortaleciéndose cada vez más, en las cosas relacionadas con su salvación, para la gloria de Cristo. 

Los versículos incomparables de Romanos 8:28-29, muestran la lógica en la salvación eterna de Dios; la lógica que el Calvinismo afirma. La salvación que comienza en la mente y el propósito de Dios, debe terminar en el completo cumplimiento de Su inquebrantable propósito de que "aquellos que antes conoció," sean unidos eternamente con su Salvador. 

CONCLUSIÓN

Entonces, en una forma general, esta es la enseñanza que algunas veces es llamada Calvinismo. Lejos de ser una innovación del hombre, esta es la doctrina de la Palabra de Dios, claramente formulada y expuesta. 

Sin embargo, seguramente surgirá la pregunta: pero, ¿no estorba la obra evangelística, esta doctrina del Calvinismo? Una rápida mirada a la historia de la Iglesia de Cristo en este mundo, será suficiente para invalidar tal opinión. Porque encontraremos que el Evangelio ha florecido más en los lugares y en los tiempos en que el pueblo de Dios ha sostenido estas doctrinas de gracia cerca de sus corazones. Pensemos en el celo de William Carey, que le condujo desde su taller de zapatos hasta hacer la obra evangelística por Cristo en la India. William Carey era un sólido calvinista, como también lo fue Andrew Fuller, otro bautista que ayudó a formar la Sociedad Bautista Misionera. Considere las siguientes palabras del piadoso David Brainerd, aquel hombre que creyó que los indios pieles rojas, al igual que los hombres blancos, tenían también un alma: "Y entonces tuve dos deseos," escribe Brainerd en su diario, "mi propia santificación, y la salvación de los elegidos de Dios." Uno de los más grandes evangelistas de los tiempos modernos fue el también calvinista George Whitfield; no obstante, su calvinismo nunca frustró o impidió su predicación del Evangelio de Cristo: "Con cuánta pasión divina," se dijo de él, "exhortó a los pecadores a volverse a Cristo."

El Calvinismo, si podemos usar esta palabra sin que seamos malentendidos, fue también el Evangelio de Robert Murray M'Cheyne, como también lo fue de Andrew Bonar, y William Burns, aquel gran líder del avivamiento y misionero en China. Mártires, Reformadores, líderes de la Iglesia de Cristo en la tierra, cuando hablan del Evangelio que ellos predicaron y por el cual murieron, hablan del Evangelio de la gracia salvadora de Dios para su rebaño elegido. ¿Cómo podría comenzar uno a enumerarlos? Lutero, Calvino, Tyndale, Latimer, Knox, Wishart, Perkins, Rutherford, Bunyan, Owen, Charnock, Goodwin, Clavel, Watson, Henry, Watts, Edwards, Whitefield, Newton, Spurgeon, todos ellos son sólo un puñado del noble ejército de testigos de la verdad de la gracia soberana. ¿Acaso su labor para el Señor sufrió tropiezos por lo que creían? Y, ¿
qué es lo que creían? Ellos creían que Dios es el Soberano Señor. Ellos se atrevieron a creer que adoraban y servían a un Rey que hace "todas las cosas según el designio de su voluntad." (Efesios 1:11). Bien dijo el príncipe de los predicadores, Charles Haddon Spurgeon: "He conocido hombres que muerden sus labios y rechinan sus dientes llenos de ira, cuando predico la soberanía de Dios. . . los doctrinarios de hoy admitirán un Dios, pero claro, Él no debe ser un Rey." ¿Acaso podemos decir que Spurgeon estorbó al Evangelio? Y sin embargo, ¡cuántos se han levantado en lucha contra él, a causa de su doctrina! Él diría: "somos menospreciados como 'sectarios' (hipercalvinistas), escasamente algún ministro voltea a vernos o habla favorablemente de nosotros; debido a que sostenemos fuertes convicciones acerca de la soberanía de Dios, y Su elección divina y amor especial hacia Su pueblo."

Quizás una palabra del mismo gigante de la iglesia servirá como una exhortación final, para que nos aferremos con firmeza a estas benditas verdades de la Palabra de Dios y las proclamemos con denuedo, para la alabanza de Su nombre. "La antigua verdad que Calvino predicó, que Agustín predicó, que Pablo predicó, es la verdad que yo debo predicar hoy o de lo contrario sería falso a mi conciencia y a mi Dios. Yo no puedo darle forma a la verdad, y no sé cómo limar las asperezas de una doctrina. El Evangelio de John Knox es mi Evangelio; aquel Evangelio que tronó a través de toda Escocia, debe tronar otra vez a través de toda Inglaterra." Amén y Amén.

Distintivos de las Iglesias Bautistas Reformadas en Colombia

febrero 13, 2023 0
Distintivos de las Iglesias Bautistas Reformadas en Colombia

 



CAPÍTULO IV:

 

 Por: Julio César Benítez

 

Conocer el origen de cada una de las denominaciones o líneas evangélicas que existen en nuestra época ayudará mucho a trazar la herencia histórica, bíblica y teológica de nuestras iglesias y convicciones particulares; incluso, nos ayudará a comprender si nuestra fe está en armonía con la interpretación evangélica histórica o si, por el contrario, pertenece a movimientos sectarios surgidos en el devenir de los siglos.

 

Aunque algunos “evangélicos” de nuestro siglo desconocen la historia de la reforma en el siglo XVI, y por esa razón creen que todo el que no sea carismático, dispensacionalista o arminiano no es evangélico; la verdad es todo lo contrario, algunos de estos movimientos mencionados surgieron casi ad portas del siglo XX; pero la fe histórica reformada (calvinista) viene desde el siglo XVI, aunque se fundamenta en la doctrina enseñada por los apóstoles del Cordero y toma en cuenta la interpretación que hicieron muchos padres de la iglesia en sus primeros siglos. La fe evangélica reformada puede trazar sus raíces a través de la historia de la iglesia cristiana, lo cual es imposible hacer para algunos movimientos que hoy día se consideran “evangélicos”.

 

 

Siendo una iglesia histórica, con una confesión de fe redactada por un selecto grupo de piadosos pastores y teólogos del siglo XVII, en plena época del puritanismo inglés, y con una identidad probada y aprobada a través de los siglos, los bautistas reformados tenemos algunos distintivos bíblicos particulares que nos caracterizan como tales y que deben encontrarse en toda iglesia que ostente este nombre.

 

Lastimosamente, en un siglo en el cual la importancia de la identidad histórica ha sido relegada por un pluralismo religioso fundamentado en la ambigüedad doctrinal de muchas denominaciones evangélicas, no es extraño encontrar algunas iglesias o grupos que se autodenominan “bautistas reformados”, solamente porque aceptan los cinco puntos del calvinismo, más no practican o no tienen una identidad total con lo que ha sido siempre el movimiento bautista reformado.

 

Por lo tanto, es preciso exponer los principales distintivos de nuestra fe. Esto ayudará a las iglesias bautistas ya establecidas a reforzar su identidad, pero también ayudará a las nacientes congregaciones a cultivar una identidad bíblica e histórica.

 

Somos iglesias reformadas

Muchos hermanos de denominaciones reformadas, como algunos presbiterianos, cuestionan el que nosotros nos identifiquemos como bautistas y a la vez, reformados, pues, según ellos, para llevar este nombre es necesario identificarnos con el paidobautismo y la teología del pacto, tal y como ha sido expuesta por la teología reformada clásica. No obstante, como ya hemos visto en los capítulos anteriores, las iglesias bautistas particulares o calvinistas comparten una historia común con las grandes denominaciones reformadas que surgieron en el siglo XVII.

 

En un principio, en el siglo XVII, los bautistas no llevaban el apellido “reformado” sino que se dividían entre “generales” y “particulares”. Los bautistas generales se identificaban más con la soteriología arminiana, pues, afirmaban que Cristo murió para hacer posible la salvación a todos los hombres; mientras que los bautistas particulares se identificaban con la soteriología reformada o calvinista, es decir, que Cristo murió únicamente por los electos, por el pueblo escogido para salvación.

 

 

La diferencia entre bautistas arminianos (generales) y bautistas calvinistas (particulares) fue desapareciendo poco a poco a finales del siglo XIX; ya en 1891 se habían fusionado en una sola denominación. En aras de mantener la unidad entre la Unión Bautista de Inglaterra, las iglesias fueron perdiendo poco a poco la identidad calvinista, y fueron influenciadas por el racionalismo alemán que emigró paulatinamente a Inglaterra.

 

Para esa época, el famoso predicador Carlos Spurgeon fue usado por el Señor para reavivar las doctrinas puras de la fe bíblica y calvinista que había caracterizado a los bautistas particulares de Inglaterra. Sus predicaciones se leían en muchos lugares del mundo, y semanalmente millones de copias eran distribuidas por doquier. En ellas, Spurgeon presentaba las preciosas doctrinas de la gracia e invitaba a los cristianos a regresar a las raíces de la fe evangélica que había caracterizado a los reformadores. Spurgeon consideraba que las iglesias bautistas que adoptaran el sistema soteriológico arminiano entrarían en declive doctrinal y su deterioro no tendría límites. Spurgeon recobró el uso y la enseñanza de las doctrinas bíblicas tal y como estaban resumidas en la Confesión de Londres de 1689; y a través de él se dio un resurgir de la fe bautista reformada.

 

Ya en el siglo XX en USA surgen nuevas iglesias bautistas de corte calvinista, las cuales empezaron a usar el apellido “reformada”. Actualmente el movimiento de reforma entre las iglesias bautistas de Inglaterra y EEUU es muy grande.

 

 

Este movimiento de reforma también ha sido exportado a algunas naciones latinoamericanas, en especial a República Dominicana, Colombia, Puerto Rico, Perú y México. Actualmente cientos de iglesias bautistas se identifican como reformadas.

 

El apellido “Reformado” hace referencia a los estándares doctrinales que identificaron a los reformados evangélicos del siglo XVI. Creemos que las iglesias evangélicas deben ser reformadas, es decir, bíblicas. La reforma no fue sino el regreso a las Escrituras, pues, la iglesia medieval se había alejado notoriamente de la fe apostólica y la patrística. Preferimos adicionar al nombre “cristiano” el apellido “reformado” porque esto nos pone en armonía con aquellas iglesias históricas que siempre han buscado ajustar su doctrina y práctica a la autoridad suprema de la Palabra de Dios.

 

Algo que identifica de manera clara y distintiva a las iglesias reformadas es la afirmación de las “solas de la reforma”, es decir: Sola Scriptura (La Biblia es la autoridad final en materia de fe y conducta), Sola Fide (somos justificados sólo por la fe), Sola gratia (la salvación es sólo por la gracia de Dios), Solus Christus (la salvación es sólo por Cristo), Soli Deo Gloria (la salvación es obra total de Dios, por lo tanto, solo él merece la gloria).

 

 

Aunque todas las denominaciones evangélicas que nacieron de la reforma protestante en el siglo XVI pueden ser llamadas reformadas, realmente este nombre se aplica más que todo a las iglesias que se identifican con la doctrina “calvinista”. El Señor usó al reformador francés Juan Calvino para sistematizar la doctrina cristiana, lo cual le permitió influenciar a toda Europa con esta visión histórica de la fe bíblica.

 

Una de las doctrinas que permite diferenciar a las iglesias reformadas del resto de iglesias evangélicas es la soteriología. Los “calvinistas” o “reformados”, defendiendo la fe ante los seguidores del teólogo holandés Jacobo Arminio, desarrollaron los cinco puntos o las cinco doctrinas de la gracia, que son la marca distintiva más marcada de las iglesias reformadas. Estas doctrinas son:

 

1.  La depravación total del género humano, es decir, el ser humano, desde la caída, ha sido afectado totalmente por el pecado. Su mente, su alma, su cuerpo, todo en él ha sido invadido por el mal y su mayor deleite es pecar y rebelarse contra Dios. Incluso, sus mejores obras están afectadas por el pecado y no son agradables a Dios. El hombre no puede buscar a Dios por sí mismo y se opone siempre a Su voluntad revelada.

 

 

2.     la elección incondicional, es decir, toda vez que el hombre no quiere ni puede buscar a Dios a causa del estado espiritual caído, si él viene a Cristo en un acto de arrepentimiento y fe sinceros, sólo se debe a que el Padre lo escogió para esta salvación desde antes de la fundación del mundo. Sólo vienen a salvación aquellos que han sido escogidos por el amor de la gracia electiva, los demás, son abandonados en su rebeldía.

 

3.     la expiación limitada, es decir, la muerte de Cristo es eficaz para todos aquellos por la cuales fue derramada. Todos los que estuvieron incluidos en el plan redentor efectivamente serán salvos, pues, la muerte de Cristo es poderosa para reconciliarlos con Dios. Jesús murió solamente por su pueblo escogido, por nadie más.

 

4.     la gracia irresistible, es decir, todos los elegidos, por los cuales murió Cristo, un día serán llamados externamente por la predicación del evangelio, pero por sí mismos no podrán venir al Salvador, sino que el Espíritu Santo obrará en su interior un llamado poderoso que les dará el nuevo nacimiento y les capacitará para arrepentirse y creer en el evangelio.

 

5.     la perseverancia o preservación de los santos, es decir, todos los que han sido elegidos por la gracia de Dios, por los cuales murió Cristo y que un día han sido llamados eficazmente por el Espíritu de Dios; no solo creerán al principio, sino que creerán por siempre y nunca se desligarán de Cristo, pues, ellos mismos no son los que se sostienen de Su gracia, sino que están escondidos en las poderosas y seguras manos del Padre, quien obrará en ellos de tal manera que nunca caerán finalmente del estado de gracia o salvación.

 

Somos iglesias bautistas.

El nombre “Bautista” contiene varias verdades. Primero, hace referencia a la verdad bíblica de quiénes son los sujetos y cuál es el modo del bautismo. Creemos que las Sagradas Escrituras enseñan que sólo los creyentes deben ser bautizados. Nosotros, como bautistas reformados, tenemos una gran deuda para con nuestros hermanos reformados paido-bautistas. Sus escritos y aportes teológicos han sido de gran valor, ayuda y transformación para nosotros. Ellos son nuestros hermanos más cercanos.

No obstante, la Biblia no guarda silencio frente al tema del bautismo. Es una verdad clara en todas las Escrituras que el bautismo es solamente para creyentes. Los sujetos del bautismo no pueden ser descubiertos en el Génesis o en el pacto con Abraham, sino en el Nuevo Pacto, pues, el bautismo solo puede ser comprendido a la luz de la revelación del Nuevo Pacto.

 

Cada mandato bíblico relacionado con el bautismo, cada ejemplo de su práctica en las Sagradas Escrituras y cada enseñanza respecto a la naturaleza simbólica del bautismo, nos da suficientes pruebas de que es aplicado solamente a creyentes. Si tomamos la concordancia bíblica y buscamos cada texto en el cual se habla del bautismo, y, tomando en cuenta su contexto, le preguntáramos: ¿quién está siendo bautizado?, ¿qué significa el bautismo en este texto?, necesariamente llegamos a la conclusión de que el bautismo cristiano es sólo para creyentes.

Respecto al “modo” del bautismo, creemos que la forma bíblica apropiada es por inmersión. La palabra griega usada comúnmente para inmersión es baptismo, la cual se encuentra de manera frecuente en el Nuevo Testamento.

En segundo lugar, el nombre “bautista” significa que sólo los convertidos y bautizados tienen derecho a ser miembros de la iglesia de Cristo, es decir, creemos en una membresía regenerada. Si leemos cuidadosamente las epístolas del Nuevo Testamento, nos daremos cuenta que los apóstoles siempre hablaron de los miembros de la iglesia de Cristo en términos de “santos”, “fieles hermanos”, “limpiados por Cristo”.

 

Autoridad y suficiencia de las Sagradas Escrituras

Las iglesias Bautistas Reformadas creemos que la Biblia es la toda suficiente y autoritativa Palabra de Dios. Ella es la máxima norma en materia de fe y conducta. La iglesia se guía solamente por esta revelación y no acepta ninguna otra fuente de inspiración. Creemos que todo lo que ella contiene es suficiente para que los creyentes sean perfectos en Cristo. Todo asunto espiritual o doctrinal debe ser resuelto a la luz de este sacrosanto libro, y no aceptamos nada que ella no contenga. Todas las áreas de la iglesia deben ser reguladas por la Biblia.

Las iglesias bautistas reformadas tenemos la convicción de que la Biblia y la Biblia solamente nos dice qué es la iglesia (1 Tim. 3:15), asimismo la Biblia y la Biblia solamente define cuáles son los oficios en la iglesia – ancianos y diáconos; su cualificación y sus funciones (Hch. 20; 1 Tim. 3; Tito 1; Hebreos 13; 1 Pedro 5). La Biblia es la guía suficiente para indicarnos cómo debe ser la adoración rendida por la Iglesia a Dios (Deut. 12:32; Lev. 10:1; Juan 4:23-24); y la Biblia también nos dice quiénes pueden ser los miembros de la iglesia y lo que se requiere de ellos.

 

Creemos que la Biblia es suficiente para decirle a la iglesia lo que ella debe hacer, cómo fraternizar con otras iglesias locales, cómo hacer para enviar misioneros, la preparación de hombres para el ministerio, entre otros.

 

Confesionalidad

Las iglesias bautistas reformadas están convencidas que la Biblia es la máxima norma en materia de fe y conducta. No queremos creer nada espiritual que esté por fuera de ella. Pero siendo que todas las iglesias y sectas dicen creer lo que la Biblia dice, aunque creen cosas opuestas y contradictorias entre sí; nuestras iglesias creen que desde los tiempos apostólicos ha sido una sana costumbre resumir en cortas declaraciones las principales doctrinas enseñadas por las Sagradas Escrituras, lo cual, nos pone en armonía con lo que los santos han creído de la Biblia en todas las épocas. Es por eso que nuestras iglesias confiesan, junto con el resto de iglesias reformadas, lo que está contenido en los principales credos de la iglesia: El credo apostólico y el credo niceno.

Pero, como iglesias bautistas reformadas, nos identificamos completamente con el resumen doctrinal que hizo un grupo de piadosos pastores puritanos en el siglo XVII, el cual es conocido como la Confesión de Londres de 1689. Esta confesión debe ser estudiada por los pastores, maestros y los miembros de las iglesias.

 

 

La iglesia existe para la gloria de Dios y ella es central en los propósitos divinos

Las iglesias bautistas reformadas se distinguen por su incuestionable convicción de que la iglesia existe para la gloria de Dios (Ef. 3:21; 5:26, 27); por lo tanto, la adoración a Dios y la Palabra de Dios son centrales en su vida. Creemos que la Iglesia es la casa de Dios, no la casa del hombre, en consecuencia, debemos preocuparnos más por el deleite de Dios que el deleite del hombre. La iglesia es el lugar donde Dios se reúne con su gente, pero esto no significa que la iglesia es un lugar sombrío y aburrido, no, puesto que el lugar donde Dios mora es el sitio más glorioso y santo en la tierra, es un oasis para el alma sedienta del pecador que busca la gracia de Dios. Pero también creemos que el lugar donde Dios mora es solemne y santo, como dijera Jacob: “!Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo” (Gén. 28:17).

Es por esta convicción que las iglesias bautistas reformadas toman con mucha reverencia y seriedad el tema de la adoración a Dios. Creemos que la iglesia local es fundamental para los propósitos de Dios en la tierra, y por eso rechazamos que instituciones para-eclesiásticas usurpen esta misión. Creemos que todos los creyentes deben hacerse miembros en una iglesia local.

Creemos que la misión de llevar el evangelio a todo lugar no les corresponde a instituciones para-eclesiásticas sino a las iglesias locales, pues, ellas y sólo ellas fueron comisionadas por Cristo.

 

La salvación y la santificación

Las iglesias bautistas reformadas se distinguen por la convicción de que la salvación altera radicalmente la vida del convertido. La mayor parte de las iglesias evangélicas de nuestro tiempo practica el decisionismo. Ellos creen que si una persona repite una oración, que es como una formula, ya es salva, independientemente de si rompe o no con el pecado. Ellos creen que una persona puede vivir de acuerdo a los que habitan el infierno, pero finalmente van a ir al cielo, debido a la oración que hicieron. Aunque algunos maestros afirman que esto no es más que una gran manifestación de la gracia de Dios, en realidad es, como dice Judas 4: convertir “en libertinaje la gracia de Dios”. Creemos que la verdadera conversión se refleja en un cambio radical del corazón. Pablo dice que antes de ser creyentes éramos tinieblas, pero ahora somos luz en el Señor. Creemos que Jesús vino a salvar a su pueblo de sus pecados (Mt. 1:21). Proclamamos la verdad escritural de que si alguien está en Cristo es nueva criatura (2 Cor. 5:17). Proclamamos que Jesús vino para tener un pueblo celoso de buenas obras (Tito 2:14). Rechazamos como algo anti-bíblico la idea de que una persona puede abrazar a Jesús como Salvador, mientras rechaza su señorío. La Biblia no enseña en ningún lugar que Cristo puede ser dividido, si alguien tiene a Cristo lo tiene en tu totalidad como sacerdote, rey y profeta.

 

La ley de Dios

Las iglesias bautistas reformadas tienen la convicción de que la ley de Dios (como es expresada en los diez mandamientos) es regulativa en la vida del creyente en el Nuevo Pacto (Jer. 31:31-34; 1 Juan 2:3-4). Pablo dice que “La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es, sino el guardar los mandamientos de Dios” (1 Cor. 7:19).

Afirmamos que el cristianismo antinomiano (contrario a la ley), en el cual no hay demandas sobre el convertido, es una perversión del evangelio, puesto que la Biblia enseña que “sin santidad (práctica), nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). El camino hacia el cielo es el camino de la santidad, en el cual solo pueden andar los que realmente han sido convertidos.

Creemos que la ley escrita en el corazón es la misma ley de los Diez Mandamientos. Juan enseña que, si decimos conocer a Dios, pero no guardamos los mandamientos, somos mentirosos y la verdad no está en nosotros. Jesús dijo a sus discípulos que ellos sabrían si le aman si obedecen sus mandamientos.

 

El día del Señor o sábado cristiano

Las iglesias bautistas reformadas creemos que los creyentes tienen del deber de guardar un día a la semana para la adoración colectiva, conforme ha sido ordenado en el Decálogo. Ese día era en el Antiguo Testamento el séptimo de la semana, pero a partir de la resurrección de Cristo pasó a ser el primer día (Domingo), tal y como fue practicado por la iglesia apostólica del siglo I. Las iglesias bautistas reformadas creemos que Dios exige a los creyentes dar de su tiempo para adorarlo, apartándose de cualquier labor mundana. Creemos que las iglesias evangélicas de nuestro tiempo están erradas al irse en contra del cuarto mandamiento. Los creyentes aún debemos guardar el sabat, el primer día de la semana. Este es un día especial para que la familia junta se congregue a rendir adoración al Santo Dios, bajo la guía de los ancianos, centrados en la predicación de la Palabra del Señor, entonando solemnes himnos, ofrendando de corazón sincero para el avance del Reino de Dios, y celebrando los sacramentos.

El hombre moderno es tan adicto a sus placeres, el trabajo y el entretenimiento, que considera como algo legalista el tener que renunciar a ellos por 24 horas para adorar al Señor. Más los creyentes bautistas reformados se deleitan en dedicar un día completo para centrarse exclusivamente en Dios. Creemos que el domingo, cuando se guarda gozosamente a la luz de las Sagradas Escrituras, es un anticipo de la vida en la eternidad.

 

 

Predicación expositiva

Las iglesias bautistas reformadas creemos que la predicación de la Palabra es fundamental para la vida de la iglesia. Este es el medio preferido por Dios para salvar a los pecadores. Y también es el medio preferido de Dios para exhortar, consolar y edificar a los santos. A través de la predicación, Cristo es presentado de una manera poderosa al alma y la mente (1 Cor. 1:21; Ef. 4:11-16; 2 Tim- 4:1). Pero no solamente creemos que la predicación es el elemento central en la vida de la iglesia, sino que ésta debe ser expositiva, es decir, fiel al texto sagrado, libro por libro, capítulo por capítulo y versículo por versículo.

Como bautistas reformados, teniendo una mente bíblica, rechazamos las tendencias que muchas iglesias evangélicas han desarrollado en este tiempo hacia la enseñanza superficial de la Biblia o la doctrina, hacia los cultos de adoración centrados en testimonios, milagros, películas, teatro, danzas, o espectáculos musicales a través de bandas de jóvenes interpretando canciones religiosas con ritmos inapropiados para la adoración a un Dios majestuoso.

Creemos que la Palabra de Dios es el elemento central y primordial en el culto de adoración a Dios. Pablo advirtió a Timoteo que vendrían tiempos cuando la gente no toleraría la sana doctrina, sino que andarían de acuerdo a sus propios deseos y se levantarían muchos maestros (clérigos, pastores) que harán cosquillas a su comezón. Pero Pablo le mandó a Timoteo que no siguiera esas tonterías que se inventarían los falsos pastores, sino que se centrara en una sola cosa “Predica la Palabra” (2 Tim. 4:1-2). Abominamos la predicación floja de pastores infieles que no alimentan a las ovejas.

 

Principio regulativo de la adoración

Las iglesias bautistas reformadas mantienen un enfoque serio sobre la adoración. Creemos que la forma aceptable de adorar verdaderamente a Dios ha sido instituida por él mismo en las Sagradas Escrituras. No podemos adorarle de acuerdo a nuestras imaginaciones, deseos o intereses culturales o contextuales. El culto de adoración sólo debe contener lo que ha sido declarado de manera clara en la Biblia, y en la adoración no podemos incluir nada que no haya sido mandado por el Señor o los santos apóstoles a través de los escritos canónicos.

 

El Dios que adoramos es un Dios de majestad, gloria y santidad. El Dios de la Biblia es aquel ante quien los ángeles de manera constante claman: “Santo, Santo, Santo”. Él es muy grande y digno de suprema alabanza. Creeos que cuando las iglesias se reúnen para adorar al Dios de la Biblia deben hacerlo con suma reverencia y con un temor grande y glorioso. A él nos acercamos con temor en nuestros corazones.

Esto no significa que en el culto a Dios no debe haber alegría, sí, pero una alegría santa, en Dios. Una alegría que no surge de un sentimiento natural o carnal, sino de una comprensión bíblica de quién es el Señor. En el culto de adoración hay gozo, pero un gozo moderado y controlado por la reverencia. Hay mucha diferencia entre un servicio muerto y un servicio espiritual, serio. Se debe evitar la frialdad muerta y el emocionalismo infantil.

Las iglesias bautistas reformadas también creen que la música en el culto debe ser gobernada por el gran hecho central de Aquel a quien adoramos. Muchas iglesias evangélicas han sido invadidas por una música carnal que imita al mundo. El culto se ha convertido en un espectáculo mundano de músicos y artistas que, en nombre de Dios, se promueven ante los demás, así como se hace en la televisión o en los conciertos multitudinarios. El espíritu del mundo gobierna esta adoración centrada en que el “adorador” se sienta bien y sienta emociones que le conducen a creer vanamente que está “experimentando” la presencia de Dios.

 

Creemos que lo sagrado no debe ser prostituido y utilizado como entretenimiento. Si alguien desea entretenimiento debe ir a un salón de diversiones mundanas, pues, el culto a Dios nada tiene que ver con estas cosas de la carne.

 

Creemos que el ritmo musical y los instrumentos musicales que acompañan la adoración también deben estar acordes con la Majestad de aquel a quién dirigimos nuestros cantos. El ritmo de bolero o balada romántica se utiliza para cantarle a la novia o a la esposa; no a Dios. El ritmo de cumbia, salsa, merengue, vallenato, Rock, entre otros, se utiliza para las parrandas, la discoteca o el baile mundano; no para adorar al Santo Dios.

 

Los himnos que se entonan en el culto deben estar acompañados por un ritmo musical que no apele de manera desmedida a las emociones de nuestra carne, sino que apelen al espíritu, a través de un ritmo sereno y apacible.

Creemos que la música instrumental en la iglesia es un acompañamiento para que el canto congregacional fluya y navegue con mayor facilidad, pero este acompañamiento no debe ser tan notorio que las voces se apaguen.

Creemos que el culto a Dios es algo congregacional, donde todos cantamos, todos adoramos a Dios, no se trata de ver un espectáculo; por esa razón, los músicos están detrás de la congregación o a un lado, donde no cobren mucha notoriedad.

 

Creemos que la letra de los himnos debe ser bíbliocéntrica y cristocéntrica; no ambigua, es decir, que no se pueda usar para cantarla a Dios o al esposo. Es una letra que expresa la obra de la redención, de la gracia y se centra en Dios, no en el adorador.

 

Creemos que la mayoría de los himnos históricos que aparecen en los himnarios (Bautista, Celebremos su Gloria, Fe y Alabanza) son baluartes de nuestra fe histórica, que contienen las doctrinas bíblicas, expresan la fe de los santos y no promueven una emotividad basada en influencias carnales.

La adoración pública no es un acto individualista en el cual cada uno se centra en sí mismo para tener comunión con Dios, sino que todos, juntos, como uno solo, adoran a Dios de manera reverente e inteligente a través de la lectura de la Palabra, las oraciones comunitarias guiadas por un director, los himnos y cánticos espirituales, la predicación expositiva, las ofrendas generosas como Dios haya prosperado a cada uno y la celebración de los sacramentos.

Si bien es más cómodo cerrar los ojos cuando oramos, con el fin de no distraernos, debemos evitar aislarnos del resto de la congregación cuando se adora a Dios en cualquiera de los elementos que forman parte del culto. La adoración colectiva, es eso, algo colectivo, no aislado, ni individualista. Algunas iglesias reformadas están siendo influencias por el modelo de “adoración” carismática, donde el espíritu individualista impera, y cada uno busca su propio sentir. Esto no forma parte del culto de adoración bíblico.

Las iglesias bautistas reformadas creen que cuando nos reunimos para adorar nada tenemos que ver con el mundo, no apelamos a la carne sino al espíritu, no buscamos las cosas sofisticadas del mundo sino la sencillez de Cristo.

 

La evangelización

 

Las iglesias bautistas reformadas creemos que el evangelismo es parte esencial de la misión de la iglesia local. No tenemos simpatía por el hiper-calvinismo, así como tampoco por el arminianismo. No creemos que exista una contradicción entre la soberanía de Dios en la salvación de su pueblo elegido y su mandato para que las iglesias locales lleven el evangelio a toda criatura. Si no podemos conciliar estas verdades escriturales en nuestras mentes, es resultado de la oscuridad de nuestra comprensión, más es nuestro deber obedecer la Palabra de Dios, sea que lo entendamos o no.

 

Esto no significa que las iglesias bautistas reformadas reconocen como evangelismo lo que muchas iglesias evangélicas de nuestro siglo practican con ese nombre, pues, creemos que mucho de lo que hoy día se llama evangelización no es más que psicología y el arte de vender. Hoy día se practica un evangelismo superficial, caracterizado por presiones carnales, trucos y métodos humanos, que tienen como objetivo principal producir “decisiones” y cumplir con ciertas estadísticas.

 

Practicamos la evangelización, pero no conforme a los esquemas o métodos que hoy día llevan ese nombre. Debemos ser gobernados por la Palabra de Dios en la forma cómo evangelizamos y en el contenido de la misma. Oramos para que el Señor nos ayude a mantenernos conscientes de la necesidad de llevar el evangelio a toda criatura, porque esto redundará para su gloria y para la salvación de los hombres.

 

Creemos que es nuestra responsabilidad dar a conocer el evangelio, primero, en nuestras propias comunidades, en toda Colombia y en todo el mundo. Creemos que las iglesias locales deben preparar y enviar misioneros (tal vez en cooperación con otras iglesias de la misma fe).

 

 

Liderazgo masculino

 

Las iglesias bautistas reformadas están firmemente convencidas que la Biblia enseña la igualdad en dignidad tanto del hombre como la mujer. Son iguales en creación, caída y redención. No obstante, Dios ha ordenado soberanamente que el liderazgo en el hogar, el estado y la Iglesia le sea asignado al varón. Dios creó dos sexos, y a cada uno corresponden diferentes papeles o roles. Muchas iglesias evangélicas han sido influenciadas por una mentalidad mundana y han tergiversado los roles de liderazgo en la adoración y la familia.

 

Cuando la Biblia dice que los esposos y padres son la cabeza en el hogar (Ef. 5; 6; Col. 3), esto no está condicionado por la cultura. Cuando la Biblia dice que los varones deben conducir la oración, la enseñanza, la predicación, y que ellos deben ser los pastores o ancianos (1 Tim. 2 y 3), debemos inclinar nuestros corazones en sumisión y obediencia. La cultura no es la que debe guiar a la iglesia del Señor Jesucristo, sino los principios bíblicos.

 

Las iglesias bautistas reformadas creen que los padres (varones) son los sacerdotes en sus casas, deben guiar el devocional familiar, y son los responsables de liderar las iglesias locales. Ellos, conforme a los dones recibidos del Señor, son los responsables de la dirección de los cultos, dirigir las oraciones públicas, predicar, enseñar y pastorear.

 

Autonomía de la iglesia local

 

Las iglesias bautistas reformadas creen que las congregaciones locales están compuestas de creyentes bautizados, unidos bajo Cristo, quien es la cabeza; y que cada iglesia local es totalmente autónoma e independiente. Esto no significa que las iglesias locales no pueden cooperar las unas con las otras en misiones y otros proyectos conjuntos; pero cada iglesia bíblicamente establecida está autorizada por Cristo para gobernar sus propios asuntos, bajo la guía del cuerpo de pastores o ancianos junto con la asamblea de miembros. Por lo tanto, las iglesias bautistas reformadas no conforman denominaciones o asociaciones con jerarquías gubernamentales ajenas a cada iglesia local. Muchas iglesias han conformado asociaciones, como la “Asociation of Reformed Baptist Churches of America” en Estados Unidos, la Asociación Latinoamericana de Iglesias Bautistas Reformadas A-LIBRE en Colombia, entre otras. Pero estas asociaciones son de carácter voluntario y libre, es decir, ninguna iglesia será forzada a formar parte de las mismas.

 

La importancia de la membresía

 

Las iglesias bautistas reformadas toman muy en serio el tema de la membresía de la iglesia. Tomamos muy a pecho la advertencia de Hebreos 10:24-25 “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos…”

 

Nuestras iglesias consideran como algo muy serio los deberes y responsabilidades de los miembros, en otras palabras, la membresía significa algo muy importante en las iglesias bautistas reformadas. En nuestras iglesias no debe haber disparidad entre el número de asistentes al culto del domingo en la mañana y el culto de la tarde, o el servicio de oración entre semana. Es imposible participar de la vida de la iglesia, como Dios manda, y ausentarse de los servicios que ella tiene. Algunas iglesias demandan a sus miembros este deber, pero realmente debe ser un compromiso del miembro para con Dios, los pastores y los hermanos.

 

Gobierno a través de ancianos

 

Las iglesias bautistas reformadas creen firmemente que el modelo de gobierno eclesiástico presentando en el Nuevo Pacto consiste en iglesias locales siendo gobernadas por un cuerpo de ancianos o pastores. Creemos que la Biblia no establece diferencia alguna entre obispos, ancianos y pastores, sino que estas características deben ser encontradas en los que lideran las iglesias locales. Asimismo, estamos convencidos que siempre que el Nuevo Testamento habla de los líderes de la iglesia local, lo hace en términos de pluralidad y paridad, es decir, nunca se presenta a la iglesia local siendo gobernada por un solo anciano o pastor, sino por varios. Aunque es posible que uno de los ancianos sobresalga en la predicación, todos deben tener la cualidad de ser maestros, doctos en la Escritura, y todos tienen la misma autoridad.

 

Creemos que los ancianos deben ser escogidos entre los varones de las iglesias. Rechazamos como antibíblico y contrario a la mente de Cristo que se nombren ancianas o pastoras.

 

Todas las iglesias locales orarán al Señor para que levante más varones como ancianos. Esto no significa que todos deben estar ocupados el cien por ciento de su tiempo en las labores ministeriales, pero al menos uno de ellos debe ser sostenido para que se dedique de manera exclusiva a esta labor.

 

Cesacionismo en los dones de revelación y milagros

 

Las iglesias bautistas reformadas están plenamente convencidas que las Sagradas Escrituras enseñan que los dones de revelación y milagros fueron dados por Cristo a los apóstoles, y su círculo cercano de emisarios, con el fin de ser señales que confirmaban al pueblo judío que la fe cristiana es la fe que viene del cielo, que Cristo es el Hijo de Dios y que el evangelio predicado por los discípulos de Cristo, es el evangelio del Dios viviente.

 

Una vez que las señales cumplieron su papel confirmatorio ante los judíos, estas dejaron de ser, y la iglesia ahora es edificada a través de la predicación solamente de la Palabra escrita de Dios (la Biblia). Por lo tanto, creemos que los dones de milagros, sanidades, lenguas, interpretación de lenguas, profecías, entre otros, no continuaron en la iglesia después del siglo I; y que cualquier supuesta manifestación de los mismos en la actualidad debe ser puesta en duda.

 

Hoy día el Señor puede hacer milagros, y de seguro que los hace, más no a través de una persona que reclame tener un don especial. Santiago instruye a los santos para que, en caso de estar enfermos, busquen a los ancianos para que oren por ellos. No se indica que los cristianos busquemos a los que tienen dones de sanidad, porque esto no continuaría para siempre en la iglesia.

También creemos que una vez se completó el canon de los libros sagrados del Nuevo Testamento, no había necesidad alguna de la manifestación de los dones de lenguas, profecías e interpretación de lenguas; puesto que todas las formas anteriores de revelación han cesado, y ahora recibimos la Palabra de Dios a través de su libro escrito.

 

 

Escatología amilenial

 

Las iglesias bautistas reformadas afirman su rechazo a la moderna interpretación de la escatología bíblica con un enfoque dispensacional y premilenial. Creemos que la Biblia no enseña que la segunda venida de Cristo estará precedida por un rapto secreto y un milenio literal, sino que cuando Jesús venga por segunda vez se dará la resurrección de los muertos, justos e impíos, y este hecho será el inicio de la introducción del estado eterno, de gloria para los elegidos, y de condenación para los impíos.

 

 

Creemos que los mil años mencionados en Apocalipsis representan el período de tiempo comprendido entre la primera y la segunda venida de Cristo; que la Iglesia es el verdadero Israel sobre el cual reina Cristo de manera espiritual, librándonos del poder del maligno, quien ha sido atado por el poder del Señor a través de su vida, obra, muerte y resurrección.

 

Tomado del blog: historiaiglesiabautistareformada.blogspot.com/